Autor Tema: La VERDAD sobre la suerte y el éxito.  (Leído 429 veces)

Desconectado Astor Piazzolla

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La VERDAD sobre la suerte y el éxito.
« en: 27 de Julio de 2013, 06:53:45 pm »
Hace algunos días, recibí este correo en mi bandeja de entrada. Al leerlo, encontré varias similitudes con lo que se practica en este foro. Espero ustedes también puedan encontrarle una aplicación útil y les sirva como inspiración, tanto en momentos difíciles como cuando todo sucede con aparente normalidad.

El texto no es de mi autoría, pero la traducción es mía. No incluyo la liga al artículo original, pues, como comenté, me llegó a mi correo electrónico.

Sin más, aquí lo tienen:


La VERDAD sobre la suerte y el éxito.
Por Craig Ballantyne, consejero de BioTrust.


La suerte me ha acompañado desde ese primer día en 1975.

Tuve la extraordinaria suerte de haber nacido en Canadá en el seno de una familia de clase media-baja. Tuve la fortuna de haber sido educado en los años de la primera computadora casera, crecer como la primera “generación Internet” y haber caído en la convergencia entre el mercadeo directo y el comercio electrónico, antes de que cualquier otro lo conociera.

Cuando era niño tuve la fortuna de tener una vergüenza de padre alcohólico y mediocre, quien me dio la primera palmada en la espalda: motivo para trabajar más duro, lograr más e ir más lejos para escapar de su sombra.

También tuve la suerte de que mi madre abandonara la preparatoria/secundario y pasara el resto de su vida trabajando por un poco más del salario mínimo. Fui afortunado de que, por sus errores, nunca me permitiera cometer los mismos.

Y vaya que tuve la suerte de asistir a la escuela con parches en las rodillas, lo que me causaba gran vergüenza e inculcaba en mí la fuerza para hacer mejor las cosas, para ser excelente en los estudios, para estar en el mejor curso de la universidad, para estar en el cuadro de honor tres años consecutivos, para ser aceptado en una maestría, para estudiar hasta las 10 p.m. los fines de semana con el fin de obtener esa beca que me permitiera pagar 6 años de educación de posgrado –de tal forma que nunca me avergonzaría así de nuevo–.

Es como si hubiera tenido una herradura hecha de patas de conejo alrededor de mi cuello en estos últimos treinta años.

También he tenido la suerte de hacer amistad con empresarios como Bedros Keuilian, un sueño americano de la vida real. Bedros tuvo la suerte de haber nacido en Armenia (entonces parte de la Unión Soviética) y de tener un padre que apostó la seguridad de su familia al sacarlos de la URSS de tal forma que pudieran llegar a los Estados Unidos sin un centavo (legalmente).

Bedros también tuvo la suerte de llegar a los Estados Unidos en 1980 sin hablar una palabra de inglés. Tuvo la fortuna de tener una familia tan pobre que tenía que “pepenar” detrás de las tiendas de abarrotes para comer. Sin esa suerte, Bedros no hubiera tenido el ferviente deseo que le ha permitido lograr crearse una mejor vida; tal como a menudo me dice: “mis hijos nunca pasarán una sola hora de sus vidas en guarderías”.

Y también tuve la suerte de ser amigo de Math Smith, otro joven afortunado de mi generación quien, como yo, creció con algo un poco mejor que una vergüenza de padre y una madre que gastaba el poco dinero que tenía en cuidar a sus hijos.

Entre las experiencias infantiles afortunadas de Matt se encuentra la noche cuando su madre recolectó unos cuantos dólares para una noche especial de viernes con pizza para llevar. Esa noche, los Smith tuvieron la suerte de dejar, por error, la pizza en el toldo del auto mientras arrancaban del lugar. La pizza terminó por caer en medio de un crucero transitado –donde un auto tras otro pasaron sobre ella– y ese fue un afortunado respiro para Matt.

¿Por qué?

Porque los Smith no tenían dinero para ir a comprar una pizza de repuesto. Y Matt recordaría por siempre esa noche –y ese sentimiento– como algo que nunca querría experimentar de nuevo. Fue tan sólo otra afortunada motivación en su deseo de hacer mejor las cosas y tener éxito, de tal forma que sus hijos no tendrían que pasar por ese golpe de suerte.

Esa clase de suerte deja un deseo abrasador que nada –ni siquiera una vida de iPhones, televisores en cada habitación de la casa, actividades extraescolares interminables, o acceso 24/7 al cable y a Internet– podría rebasar.

MI suerte continúa. Soy afortunado de conocer a mi compañera consejera Isabel de los Ríos, una de las más exitosas expertas en nutrición del mundo. Ella misma tuvo la fortuna de pasar casi una década como una joven enferma, insalubre, triste y con exceso de peso; de tal forma que pudo realmente entender los problemas que sus cientos de miles de clientes mujeres atraviesan.

Isabel también tuvo la fortuna de estar literalmente en bancarrota cuando solicitó unirse a mi grupo Mastermind en 2008 pidiendo prestado el dinero a su prometido. Fue gracias a su enorme suerte de encontrarse en estas situaciones que se comprometió a trabajar más duro que casi cualquier otra persona a quien haya entrenado. Esto le permitió salir de su estrés financiero hacia un negocio donde, hoy, cuenta con más de 200,000 clientes que han tenido la fortuna de contar con la ayuda de Isabel para cambiar sus vidas.

Finalmente, tenemos a Michael Masterson, uno de mis mentores de negocios que tuvo la suerte de crecer en un hogar pobre con sus nueve hermanos. Tuvo la fortuna de tener tan poco, que lo impulsó a convertirse en empresario y mentor de cientos de miles de buenas personas alrededor del mundo.

Este es el grupo de individuos más afortunados que, tal vez, hayan conocido. Tuvimos la suerte de haber vivido las experiencias que tuvimos porque nos enseñaron muchísimo y nos encaminaron a grandes acciones. Sin nuestros traspiés, ¿qué habríamos logrado? Fuimos parte de las generaciones más afortunadas que jamás hayan vivido.

¿Qué hay de tu suerte? ¿Has sido tan afortunado como para haber atravesado por conflictos similares? ¿Te ha llegado la inspiración de trabajar más duro que nunca, de explorar nuevas oportunidades para tomar el control de tu futuro y ese impulso hacia la independencia financiera? ¿Eres uno de esos afortunados que no nacieron con la cuchara de plata para aprender la importancia de añadir valor al mundo a cambio de una ganancia justa? ¿Has tenido la suerte de fracasar una y otra vez?

Nunca olvides que el fracaso no es malo. El fracaso no es definitivo. NO dejes que el miedo al fracaso te detenga para lograr el éxito que mereces. Si estás en la lucha, sigue moviéndote. Continúa dando al menos un gran paso hacia la acción cada día.

El fracaso es buena suerte. Sólo escucha a estos expertos:

“Los problemas existen en tu vida para que puedas descubrir potenciales que ni siquiera sabías que tenías”. –Barry Michels–.

“El fracaso es una desviación, no un callejón sin salida”. –Zig Ziglar–.

“Cada adversidad, cada fracaso, cada dolor en el corazón lleva consigo la semilla de un beneficio igual o mayor”. –Napolean Hill–.

“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: es el valor de continuar lo que cuenta”. –Winston Churchill–.

“Todos, en tu situación, tienen las mismas opciones: puedes lamentarla, o dedicarte a cambiarla. Acepta la responsabilidad por tu futuro. Rehúsa quejarte, criticar o condenar. Si quieres que te ayudemos a alcanzar tus metas, entonces ten confianza y sigue nuestro consejo. Deja de dudar. Deja de negarlo. Ten fe”. –Mark Ford–.

Tengo la esperanza de que hayas tenido tanta suerte como yo a través de los años. Y, tú sabes, ese viejo dicho es verdad: “cuanto más duro trabajo, más afortunado me vuelvo”. Así que toma esa suerte obtenida y presiona sobre ella. Sigue echándole ganas. A partir de aquí, todo será más fácil.
El dolor es pasajero.Puede durar un minuto, o una hora, o un día,o un año,pero con el tiempo cederá y algo más ocupará su lugar.Si me rindo, sin embargo, durará para siempre.

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Re:La VERDAD sobre la suerte y el éxito.
« Respuesta #1 en: 25 de Agosto de 2013, 09:00:06 am »
Excelente ..., menudo post Astor . Gracias por la traducción y por compartirlo.  :clap: :clap:
Un abrazo.

Saludos.  :ok:
No hay peor ciego que aquel que vuelve con su ex.

 

     
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