Autor Tema: ¿Por qué te deja una mujer?  (Leído 3112 veces)

Desconectado juanpindonga

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¿Por qué te deja una mujer?
« en: 30 de Enero de 2017, 03:08:39 pm »
Menuda pregunta si las hay.

Gran número de hombres que llegan a este Foro de Ayuda lo hacen para ver que mecanismos utilizar para recuperar a esa novia que se puso esquiva, que se transformó en un erizo y de un día para otro, dejó de prestarle atención.

Con un espíritu netamente clasificador, dividiría al hecho que una mujer abandone a su pareja, en dos grandes grupos:

1) Pareja sin convivencia

2) Pareja con convivencia

¿Por qué esa diferencia manifiesta?

Por los motivos que suelen ser sutilmente diferentes.

Vamos al primer grupo:

1) Parejas sin convivencia


Súbitamente, la dulce y curvilínea novia que uno supo tener, decidió transformarse en un cactus de desierto. Lleno de agresivas espinas y esquivo como él solo.

El motivo principal para que una novia te deje es la aparición en su vida de un nuevo masculino.

Ellas, en su análisis, efectúan un recálculo sobre las factibilidades de llegar a buen puerto con el novio actual, léase convivencias, casamientos e hijos.

Podrán prescindir de costosos casamientos, pero con la convivencia, rápidamente han de llegar descendientes, sinó, como suelen decir "-... ese tipo no me sirve" (al menos, para quedar preñada, sí puede servirle como proveedor de dineros).

En el complejo criptoanálisis que una mujer hace sobre su futuro reproductivo, engloba conceptos tales como "-... me tienen que mantener", "-... necesito alguien que me sea solvente", "-... este tipo me sirve para quedar embarazada".

Es decir, anteponer la maternidad sobre todo.

Como siempre el tema me interesó, no ahorro esfuerzos en preguntarle a las directas interesadas, sus opiniones al respecto.

Me fascinan las respuestas que hacen mis colegas al respecto, cuando se refieren al «chongo» (léase, novio de turno) y sus habilidades manifiestas para transformarse en padres.

Básicamente, con la premisa que ellas dejen de trabajar, se transformen en netas madres olvidándose de sus parejas salvo a la hora de pedirles dinero.

Cualquier noviecita ambiciona encontrar un príncipe azul que la haga revivir historietas similares a los cuentos de hadas de su infancia, o de los teleteatros lavacerebros de media tarde.

En donde el galancete de turno tiene en vilo tanto a la protagonista como a las teleespectadoras, quienes con fruición se imaginan conviviendo con el susodicho, rascándose plenamente la entrepierna.

Una mujer te deja porque considera que su futuro reproductivo al lado del actual masculino, no es muy promisorio.

En cambio, con ese nuevo compañerito de estudios, de trabajo, o ese vecino que le tiene a maltraer, piensa que va a ser diferente y que, efectivamente, se va a transformar en ese anhelado príncipe azul de sus húmedos sueños de verano.

Antaño, el género femenino tenía principios. Básicamente, inculcados por las madres quienes le decían a las noveles portadoras de cachufleta, que si se comportaban como yeguas garcas de décima, iban a ser castigadas con el oprobio de todas las personas que estaban próximas a ellas.

Eso significaba que muchas veces se emparejaban con cualquier tipo con tal de no quedarse solas, y se tenían que aguantar por muchos años, a alguien que no era de su entero gusto... pero porque no le quedó en su momento la opción de elegir desde el vamos, algo a su gusto.

Con el advenimiento del trabajo femenino igualado al masculino, cualquier mujer que trabajara disponía de sus propios dineros, y ese empoderamiento les hizo creer que podían cambiar de pareja como de tampones.

Sin mediar, obviamente, motivos valederos. Simplemente, porque se le cantó la cachufleta y porque ese supervisor o ese compañero de trabajo, le parecía una excelente perspectiva a futuro para preñarse y dejar de trabajar.

La natural competitividad de la mujer para obtener masculinos, ya sea desde la época de la cueva o en edades contemporáneas, hizo que se refinaran las excusas para dejar a sus parejas porque se les recalentó la entrepierna con otro tipo.

Frases tales como "-... estoy confundida", o también, "-... no sé lo que quiero con mi vida", expresiones como "-... yo merezco a alguien que me quiera" o tal vez, "-... quiero un verdadero hombre en mi vida", enmascaraban asquerosamente la mentira de querer estar con otro tipo sin ninguna excusa valedera.

Ninguna novia o ninguna mujer va a admitir que se está comportando como una yegua garca de décima categoría, al encarar su futuro afectivo con otro masculino que a ella le va a parecer mas idóneo en su proyecto reproductivo.

La culpa de sus yegüismos va a ser siempre endilgada al tipo que está dejando.


Quien obviamente, no va a estar presente para defenderse.





2) Pareja con convivencia

Aquí el asunto se vuelve mas espinoso, máxime si hay hijos de por medio.

Sin dudas, toda mujer va a echarle siempre la culpa de sus desventuras afectivas a su pareja.

Admitir desmanejos propios, nones.

Muchas mujeres se emparejan y conviven en la errónea creencia que la maternidad y convivencia van a llenar pavorosos vacíos que traían desde antes de conocer al masculino con el que conviven.

Una mujer sin ideas, va a seguir siéndolo emparejada o soltera. Nadie va a poder llenar esos huecos que tiene, ni siquiera la llegada de mas hijos.

Y el responsable de tales faltantes, siempre va a ser, automáticamente, su actual pareja.

Quien súbitamente va a ver que la madre de sus hijos se pone en estrecha, que comienza a ponerse mas agresiva que de costumbre, y que no hay, finalmente, poronga que les venga bien.

Rápidas de cintura, saben que tienen que sacarse a ese hombre de encima... para conseguir otro.

La mejor forma es comenzar una prolongada huelga de cotorritas cerradas.

Luego, comenzar con exigencias, sobre todo, dinerarias.

Por último, y ya animándose a blanquear la realidad, quieren que se las siga manteniendo... pero irse con otro tipo. (Ahí campea el pavoroso eslógan publicitario de "-... porque yo lo valgo").

Y la verdad es que no valen una soberana mierda.
 
Creyeron que la vida en pareja les iba a solucionar todo en sus vidas, cuando la realidad siempre fueron incapaces de solucionar nada en materia afectiva.

En vez de pensar "-... qué puedo hacer para aportar a la sociedad conyugal", vale el razonamiento de "-... este hijo de puta tendría que darme mas dinero, ¿quién se cree que es?".

Ninguna relación afectiva va a aportar lo que no se tiene dentro.

Sino mas bien, va a dejar al descubierto pavorosas carencias femeninas en todo sentido.

Quienes en este Foro volcaron sus experiencias de divorcios y rupturas post-convivencia, saben perfectamente que todo lo que hagan no va a servir para nada cuando una mina se pone en la cabeza la idea que la culpa de todo, la tiene el otro.

Por eso, frente a un síndrome pelotúdico-divorciatorio por parte de la fémina de turno que no sabe lo que quiere... pero lo quiere ahora, lo mejor es apurar el trámite, conseguir condiciones económicas lo mas ventajosas posibles para el hombre... y sacarse lo antes posible de encima ese clavo femenino que no tiene un rumbo estable (salvo que venga revestido con una abundante cantidad de efectivo, eso funciona por un tiempo hasta que las chispas saltan por otro lado).




Tanto con esa cándida noviecita como aquella fiera perpetuamente malhumorada en que se transformó la pareja conviviente... el concepto es concluir lo mas amistosamente posible la relación y cortar todo contacto con la fémina.

Porque el tiempo que se termine perdiendo con ella, es tiempo que se puede utilizar para conocer otras mujeres, entre las cuales, alguna, sin dudas, ha de serle funcional al hombre.
Sale con fritas!
Y con sushi.

Borders? I have never seen one. But I have heard they exist in the minds of some people. Thor Heyerdahl