Autor Tema: Te importará un pimiento.  (Leído 239 veces)

Desconectado juanpindonga

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Te importará un pimiento.
« en: 17 de Septiembre de 2018, 11:14:07 pm »
Capsicum (ají o pimiento) es un género de plantas angiospermas, dicotiledóneas nativo de las regiones tropicales y subtropicales de América y que pertenecen a la familia de las solanáceas. Comprende 40 especies aceptadas, de las casi 200 descritas, herbáceas o arbustivas, generalmente anuales, aunque las especies cultivadas —prácticamente en el mundo entero— se han convertido en perennes en condiciones favorables.

Fuente:


https://es.wikipedia.org/wiki/Capsicum







El pimiento, ají, morrón, chile o como al usuario le venga en ganas llamarlo, es una forma divertida, substanciosa y nutritiva de incorporar color y fibra a cualquier preparación, cocido, potaje o lo que se le parezca razonablemente, apto para ser devorado durante épocas invernales, de baja temperatura, o cuando a uno le entre la realísima gana, sin necesidad de festejar nada en particular.

Hay épocas del año en donde los pimientos o ajíes son incomprables, sea porque los chacareros son remisos a su cultivo, o porque a alguien le vino en ganas que sean muy caros.

En cambio, en otras épocas, sobre todo finalizando el verano, son muy baratos.

De ahí la expresión de "-... me importa un pimiento", básicamente, cuando hay abundancia y se consiguen por monedas en cualquier mercado.

Hay pimientos con mucho sabor.

Otros, en extremo picantes, delicias para los que gustamos de cocidos salvajemente fuertes, con toda su personalidad.

Algunos, poseedores de exóticos colores, como amarillos o violetas.

Portentosos rojos, quienes ahumados, forman parte de un privilegiado cocido de raigambre magyar: el goulasch.

En suma, los pimientos son como las mujeres: hay épocas en donde abundan, otras, en donde escasean, algunos momentos, en donde son carísimos; también, picantes y hasta ofensivos al paladar, también, dulces y suaves, ideales como condimiento a la hora del pre-revolcón.

Hay pimientos llenos de semillas, que son difíciles de quitar de adentro.

Otros, que se pueden procesar con facilidad siendo la delicia del usuario... igual que muchas féminas.

La realidad es que el género femenino no ha cambiado desde la época de las cavernas (en donde en la caverna primigenia, no había pimientos, dado que éstos solo existían en América, que fue colonizada se estima hace 17.000 años).

De tal forma que en la caverna africana o europea... no se podía decir que lo que diga la peluda y olorosa cavernícola, a uno le importara un pimiento.

Porque todavía, dichos frutos/bayas no habían sido descubiertos por los feroces navegantes vikingos y luego, por las hordas de marinos-presidiarios que fueron comandados por un mercenario genovés al que se le atribuye el (re)descubrimiento de América.

Cultivar pimientos es como tener novia.

Hay que regarlos (lo mismo que a una relación), cuidarlo de las plagas (igual que en una relación, sobre todo, de los garcas buitres), saber cosecharlos en el momento justo (igual que a las féminas) y cocinarlos a fuego lento (no quiere decirse aquí que sea prudente preparar algún delicioso plato friendo a una novia... simplemente invitándola a comer sin ser ellas el plato principal).

Y cuando la novia/pareja de turno adopta posturas que rayan en el pelotudismo, ya sea por sus dichos inaceptables o porque ese día, las hormonas les jugaron una mala pasada... lo que digan en ese momento... importará un pimiento.

Habida cuenta que una mujer es capaz de emitir los comentarios mas ofensivos de la galaxia, capaces de ruborizar a un duro guerrero klingon, y luego, desdecirse con tal facilidad que hasta asusta.

Ese día, el que la novia/pareja tuvo un acceso diarreico-verborrágico (léase, se fue de boca y comenzó a decir pelotudeces e emitir insultos)... pues, se desoirán sus indecentes comentarios haciéndolos que a uno... le importen un pimiento.

Por supuesto, es una herramienta que debe ser utilizada con discreción.

Habida cuenta que una novia insultadora habrá de ser convenientemente descartada porque ahí sí ella valdrá... apenas un pimiento.

De igual forma, los ponzoñosos decires de alguna ex-novia que fue descartada por emitir comentarios oprobiosos o reñido con la moral y las buenas costumbres... serán valorados por lo que son: me importan un pimiento.

Del mismo modo, los aún mas venenosos comentarios de las amigas, cargados de rencor quien sabe por qué obscuros designios de la naturaleza femenina (y de sus hormonas), referidos a sus ex-novios, quienes disfrutan de nuevas y revolcatorias relaciones... importarán un pimiento.

Y por último, un comentario psico-gastronómico:

Cuando esa ex-novia, la que se confundió de poronga, a la que se le bloqueó por todos lados, logra llamar telefónicamente para ver en que anda su otrora pareja, la respuesta que se la ha de dar podría ser la siguiente:

"-... esperpenta, me enganchaste comiendo un sánguche de carne, cebolla y ají muy picante. Llamaste en mal momento. Yo te llamo otro día. Y te comento... lo que pienses al respecto... ¡me importa un pimiento!



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Saludos!
Sale con fritas!
Y con sushi.

Borders? I have never seen one. But I have heard they exist in the minds of some people. Thor Heyerdahl