Autor Tema: El egoísmo superlativo femenino... una mala costumbre adquirida.  (Leído 780 veces)

Desconectado juanpindonga

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El egoísmo superlativo femenino... una mala costumbre adquirida.
« en: 01 de Enero de 2020, 09:43:20 am »
Desde un tiempo a esta fecha, me tocó leer y recibir mensajes relativos a que las respectivas novias/parejas/amiguitas/loquesea de los redactores de tales mensajes, se han vuelto total y absolutamente egoístas.

Esto es, exigir todo y no dar absolutamente un soberano carajo de sí mismas.


Pero lo que se dice, nada de nada.

Nunca exhibir siquiera un billete para colaborar con la cuenta del almuerzo, nunca aportar ideas (salvo exigencias, éso sí) para una salida, nunca una llamada, un mensaje, salvo, obviamente, para exigir.

En suma, egoísmo llevado a un grado superlativo.

Creo que se comportan así porque están tan entrenadas por parte de madres, amigas, compañeras de trabajo, publicidades (lo peor) y por una hiperaguda conciencia de su femeneidad, que se les compele a no dar nada a cambio de todo lo que se les termina dando.

En mi barrio, a tales mujeres, cuando yo era chico, se les decía egoístas. Por no mencionar la palabra «garcas» porque quedaría feo.

Pero, hoy día, en virtud de la existencia de los siempre postergados derechos femeninos (con los que estoy plenamente de acuerdo y apoyo totalmente), vinieron y no tan inesperadamente, exigencias casi imposibles de cumplir.

Como suelo decir: el género femenino es machista para pagar (que pague el hombre) y feminista para exigir sus derechos.

O también otra frase, lamentable pero cierta: en la pareja el hombre pone el dinero, la mujer, el mal humor.

Pienso que tales actitudes vienen dirigidas estrictamente desde la muy lamentable publicidad de productos femeninos, quienes les hacen ver que son seres tan deseables... que tienen que ser prácticamente inalcanzables para la mayoría de los mortales.

Salvo, obviamente, que ese «mortal» venga provisto de una muy contundente billetera, en donde ahí sí, acceden (aunque a regañadientes, como si hicieran un favor) a entregar, por ejemplo, la virtud.

Suelo utilizar la frase, lamentable pero cada vez mas realista, que la mujer tiene una visión umbílico-céntrica.

O sea, su mundo gira en torno a su ombligo.

Ella es el centro del universo.

Digamos, que serían la antítesis de Nicolás Copérnico, uno de los autores de la actual teoría heliocéntrica (la estrella Sol es el centro de nuestro sistema solar), mientras que antaño, la teoría era la geocéntrica (el centro del universo es la Tierra).

En suma, creo que mas que umbilicocéntricas, las minas son cachufletocéntricas, es decir, todo su universo gira en torno a la cachufleta a la que están adheridas.

Claro... desde el momento en que ellas creen que todo tiene que girar en derredor de sus cachufletas u ombligos, la cosa se puso complicada para los hombres.

Porque las minas así, se van transformando cada vez en «seres de luz», esto es, infinitamente inabarcables (pero sí, sumamente exigentes).

En mis devenires afectivos, en los comienzos de mis escarceos con el género femenino, invariablemente, era dejado.

¿Motivos?

Unos pocos... el principal era la falta de €f€ctivo que hace que una mujer se sienta feliz de gastar a manos llenas... cuando paga otro.

Por eso, rápidamente, preferían dejarme e irse con otro tipo mas pudiente.

Claro... no tuvieron en cuenta que el masculino que supo hacer dineros, no es ningún pelotudo a la hora de gastarlo, y lo que se busca, en ese caso, son cachufletas jugosas, disponibles a toda hora... y fácilmente descartables.

En suma: saber invertir sus recursos dinerarios.

Ellas, creídas de su eterna juventud y potentes turgencias, caen tristemente en la cuenta que su descartabilidad es directamente proporcional a la forma en que el :ass: pierde rigideces y su muy redonda forma juvenil.

Y que cuando las carnes femeninas caen, no hay exigencias que valgan.

Por eso, siempre sostenidas en la creencia que siguen siendo las mismas empomables y clavables «teenagers» de antaño, se dan cuenta que ese tipo al que dejaron en sus mocedades para irse con porongas mas pudientes que las descartaron después de un intensivo uso y descorche a conciencia... hoy día está con una buena disponibilidad de dineros, y muchas veces, felizmente emparejados.

Y que mejor, haciendo uso de un muy asqueroso recurso, artimaña netamente femenina, tratan de lograr una suerte de «revival» contactándolo.

Claro... ¿qué puede ofrecer una minita que a los 20 partía la tierra y a los 40 se pega con los talones el :ass:?

Pues... nada.

Así como fui dejado en reiteradas oportunidades durante mis cuasi-insolventes mocedades, conforme uno gana experiencia... se da cuenta de la descartabilidad de la fémina que se tiene al lado.

Y fue el momento en el que comencé a concluir yo mismo las relaciones.

Pero no al estilo femenino, yéndome con otra persona... sino diciéndoles en la caripela, en un lenguaje que fuera para ellas comprensible, que se estaban comportando de forma muy cuestionable, que ya se le habían dado varias oportunidades para que enmendaran tales reprochables conductas y que al no mediar cambios (pero sí, aumentar exigencias) la relación iba a mantenerse por un tiempo suspendida mientras se «analizaban las causales de ese distanciamiento temporal» (sic).

En resumen, para que hasta una mujer que cree haberse pasado de lista lo entienda: flaca, te excediste en tus atribuciones, fuiste demasiado exigente a cambio de nada... andá a buscar otra poronga que te aguante. Conmigo, sos historia.

Confieso que nunca me gustaron las rupturas, ni el sabor amargo que suele dejar a quien tiene que tomar la triste decisión de concluir una relación.

También admito que una relación con visos de tóxica e irremontable, porque la fémina de turno considera su persona próxima a entrar dentro del muy numeroso grupo de dioses y diosas griegas, tiene que ser perentoriamente terminada de la forma que sea... lo entienda o no la susodicha fémina.

Si le gusta o no, si lo acepta o no, es su problema, no mío.

Sí puedo aseverar que en un tiempo relativamente breve, elaborado el duelo, tal fémina será reemplazada... por otra.

A quien sutilmente se le explicará que de pasarse de pelotuda, o considerar la cachufleta a la que está adherida como un metal precioso, su descarte también será inminente.

Muchos años atrás, cuando tuve que tomar la decisión de concluir una relación, la fémina sintió que peligraba en gran medida, su fuente de sustento (sobre todo, de fruslerías y salidas que ella, obviamente, nunca quiso pagar), y prometió enmendarse.

Como tales promesas femeninas valen menos que un tampón usado, la decisión de descartarla quedó firme e innegociable.

Habida cuenta que para procesar tales rupturas, siempre preferí iniciar un viaje, la fémina notó con cierta preocupación cuando le mencioné, pre-ruptura, que tenía proyectado tomarme unas vaGaciones por un par de semanas.

No hace falta tener una inteligencia superlativa para darse cuenta, en caso de una fémina, que si su pareja quiere irse de viaje, vacaciones, ocio o lo que se le parezca, pero sin ella... es porque va a ser descartada en breve.

Primero, intentó negociar.

Disculpame por hacer esto, no me dí cuenta, a veces estoy nerviosa, vos tenés que entender que soy mujer.

La verdad, es que yo lo entendí, sobre todo, por su última aseveración: hay que entenderlas porque son mujeres.

Y, cuales seres con visos de egoísmo ilimitado, creyéndose ellas que «tenés que darme todo porque yo lo valgo» (y no valen, muchas veces, ni ½ puteada), hay que tomar medidas enérgicas e irrevocables: descartabilidad instantánea.

Si no supieron mínimamente valorar lo que por ellas se hace... pues, que le vayan a pedir a otro que les solventen las salidas, sus gastos o lo que sea.

Podrán emitir una copiosa retahíla de insultos, improperios, comentarios agresivos, difamaciones... igual, su desechabilidad no es negociable ni revocable.

Nenna... andá a otro lado a romper las pelotas con tus exigencias infinitas. Recordá cada vez que te veas en el espejo, que tenés fecha de vencimiento, y conforme te acerques a ella, los tipos no te van a dar mas pelota. Y vas a terminar conformando el batallón de detractoras del género masculino diciendo la tradicional frase de "-... ya no hay hombres", cuando no supiste valorar lo que tenías, y al tipo que se preocupaba por vos. Arreglátelas como puedas... y no vuelvas a contactarme por varias reencarnaciones.






Por eso, Sres.: si la fémina que tienen de momento a sus respectivos lados, se transforma en una suerte de agujero negro que todo lo absorbe y nada da, pues... sáquensela de encima con educación, explíquenle los motivos, recuérdenle que se le advirtió sobre sus cuestionables accionares, que su egoísmo desmedido le iba a terminar jugando en contra, y que se busque otro tipo que soporte sus caprichos.

Recuerden: son hombres.

La especie dominante.

Saludos!
« Última modificación: 02 de Enero de 2020, 02:04:35 am por juanpindonga »
Sale con fritas!
Y con sushi.

Borders? I have never seen one. But I have heard they exist in the minds of some people. Thor Heyerdahl

Desconectado Rolando

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Re:El egoísmo superlativo femenino... una mala costumbre adquirida.
« Respuesta #1 en: 02 de Enero de 2020, 04:35:20 pm »
Desde un tiempo a esta fecha, me tocó leer y recibir mensajes relativos a que las respectivas novias/parejas/amiguitas/loquesea de los redactores de tales mensajes, se han vuelto total y absolutamente egoístas.

Esto es, exigir todo y no dar absolutamente un soberano carajo de sí mismas.


Pero lo que se dice, nada de nada.

Nunca exhibir siquiera un billete para colaborar con la cuenta del almuerzo, nunca aportar ideas (salvo exigencias, éso sí) para una salida, nunca una llamada, un mensaje, salvo, obviamente, para exigir.

En suma, egoísmo llevado a un grado superlativo.

Creo que se comportan así porque están tan entrenadas por parte de madres, amigas, compañeras de trabajo, publicidades (lo peor) y por una hiperaguda conciencia de su femeneidad, que se les compele a no dar nada a cambio de todo lo que se les termina dando.

En mi barrio, a tales mujeres, cuando yo era chico, se les decía egoístas. Por no mencionar la palabra «garcas» porque quedaría feo.

Pero, hoy día, en virtud de la existencia de los siempre postergados derechos femeninos (con los que estoy plenamente de acuerdo y apoyo totalmente), vinieron y no tan inesperadamente, exigencias casi imposibles de cumplir.

Como suelo decir: el género femenino es machista para pagar (que pague el hombre) y feminista para exigir sus derechos.

O también otra frase, lamentable pero cierta: en la pareja el hombre pone el dinero, la mujer, el mal humor.

Pienso que tales actitudes vienen dirigidas estrictamente desde la muy lamentable publicidad de productos femeninos, quienes les hacen ver que son seres tan deseables... que tienen que ser prácticamente inalcanzables para la mayoría de los mortales.

Salvo, obviamente, que ese «mortal» venga provisto de una muy contundente billetera, en donde ahí sí, acceden (aunque a regañadientes, como si hicieran un favor) a entregar, por ejemplo, la virtud.

Suelo utilizar la frase, lamentable pero cada vez mas realista, que la mujer tiene una visión umbílico-céntrica.

O sea, su mundo gira en torno a su ombligo.

Ella es el centro del universo.

Digamos, que serían la antítesis de Nicolás Copérnico, uno de los autores de la actual teoría heliocéntrica (la estrella Sol es el centro de nuestro sistema solar), mientras que antaño, la teoría era la geocéntrica (el centro del universo es la Tierra).

En suma, creo que mas que umbilicocéntricas, las minas son cachufletocéntricas, es decir, todo su universo gira en torno a la cachufleta a la que están adheridas.

Claro... desde el momento en que ellas creen que todo tiene que girar en derredor de sus cachufletas u ombligos, la cosa se puso complicada para los hombres.

Porque las minas así, se van transformando cada vez en «seres de luz», esto es, infinitamente inabarcables (pero sí, sumamente exigentes).

En mis devenires afectivos, en los comienzos de mis escarceos con el género femenino, invariablemente, era dejado.

¿Motivos?

Unos pocos... el principal era la falta de €f€ctivo que hace que una mujer se sienta feliz de gastar a manos llenas... cuando paga otro.

Por eso, rápidamente, preferían dejarme e irse con otro tipo mas pudiente.

Claro... no tuvieron en cuenta que el masculino que supo hacer dineros, no es ningún pelotudo a la hora de gastarlo, y lo que se busca, en ese caso, son cachufletas jugosas, disponibles a toda hora... y fácilmente descartables.

En suma: saber invertir sus recursos dinerarios.

Ellas, creídas de su eterna juventud y potentes turgencias, caen tristemente en la cuenta que su descartabilidad es directamente proporcional a la forma en que el :ass: pierde rigideces y su muy redonda forma juvenil.

Y que cuando las carnes femeninas caen, no hay exigencias que valgan.

Por eso, siempre sostenidas en la creencia que siguen siendo las mismas empomables y clavables «teenagers» de antaño, se dan cuenta que ese tipo al que dejaron en sus mocedades para irse con porongas mas pudientes que las descartaron después de un intensivo uso y descorche a conciencia... hoy día está con una buena disponibilidad de dineros, y muchas veces, felizmente emparejados.

Y que mejor, haciendo uso de un muy asqueroso recurso, artimaña netamente femenina, tratan de lograr una suerte de «revival» contactándolo.

Claro... ¿qué puede ofrecer una minita que a los 20 partía la tierra y a los 40 se pega con los talones el :ass:?

Pues... nada.

Así como fui dejado en reiteradas oportunidades durante mis cuasi-insolventes mocedades, conforme uno gana experiencia... se da cuenta de la descartabilidad de la fémina que se tiene al lado.

Y fue el momento en el que comencé a concluir yo mismo las relaciones.

Pero no al estilo femenino, yéndome con otra persona... sino diciéndoles en la caripela, en un lenguaje que fuera para ellas comprensible, que se estaban comportando de forma muy cuestionable, que ya se le habían dado varias oportunidades para que enmendaran tales reprochables conductas y que al no mediar cambios (pero sí, aumentar exigencias) la relación iba a mantenerse por un tiempo suspendida mientras se «analizaban las causales de ese distanciamiento temporal» (sic).

En resumen, para que hasta una mujer que cree haberse pasado de lista lo entienda: flaca, te excediste en tus atribuciones, fuiste demasiado exigente a cambio de nada... andá a buscar otra poronga que te aguante. Conmigo, sos historia.

Confieso que nunca me gustaron las rupturas, ni el sabor amargo que suele dejar a quien tiene que tomar la triste decisión de concluir una relación.

También admito que una relación con visos de tóxica e irremontable, porque la fémina de turno considera su persona próxima a entrar dentro del muy numeroso grupo de dioses y diosas griegas, tiene que ser perentoriamente terminada de la forma que sea... lo entienda o no la susodicha fémina.

Si le gusta o no, si lo acepta o no, es su problema, no mío.

Sí puedo aseverar que en un tiempo relativamente breve, elaborado el duelo, tal fémina será reemplazada... por otra.

A quien sutilmente se le explicará que de pasarse de pelotuda, o considerar la cachufleta a la que está adherida como un metal precioso, su descarte también será inminente.

Muchos años atrás, cuando tuve que tomar la decisión de concluir una relación, la fémina sintió que peligraba en gran medida, su fuente de sustento (sobre todo, de fruslerías y salidas que ella, obviamente, nunca quiso pagar), y prometió enmendarse.

Como tales promesas femeninas valen menos que un tampón usado, la decisión de descartarla quedó firme e innegociable.

Habida cuenta que para procesar tales rupturas, siempre preferí iniciar un viaje, la fémina notó con cierta preocupación cuando le mencioné, pre-ruptura, que tenía proyectado tomarme unas vaGaciones por un par de semanas.

No hace falta tener una inteligencia superlativa para darse cuenta, en caso de una fémina, que si su pareja quiere irse de viaje, vacaciones, ocio o lo que se le parezca, pero sin ella... es porque va a ser descartada en breve.

Primero, intentó negociar.

Disculpame por hacer esto, no me dí cuenta, a veces estoy nerviosa, vos tenés que entender que soy mujer.

La verdad, es que yo lo entendí, sobre todo, por su última aseveración: hay que entenderlas porque son mujeres.

Y, cuales seres con visos de egoísmo ilimitado, creyéndose ellas que «tenés que darme todo porque yo lo valgo» (y no valen, muchas veces, ni ½ puteada), hay que tomar medidas enérgicas e irrevocables: descartabilidad instantánea.

Si no supieron mínimamente valorar lo que por ellas se hace... pues, que le vayan a pedir a otro que les solventen las salidas, sus gastos o lo que sea.

Podrán emitir una copiosa retahíla de insultos, improperios, comentarios agresivos, difamaciones... igual, su desechabilidad no es negociable ni revocable.

Nenna... andá a otro lado a romper las pelotas con tus exigencias infinitas. Recordá cada vez que te veas en el espejo, que tenés fecha de vencimiento, y conforme te acerques a ella, los tipos no te van a dar mas pelota. Y vas a terminar conformando el batallón de detractoras del género masculino diciendo la tradicional frase de "-... ya no hay hombres", cuando no supiste valorar lo que tenías, y al tipo que se preocupaba por vos. Arreglátelas como puedas... y no vuelvas a contactarme por varias reencarnaciones.






Por eso, Sres.: si la fémina que tienen de momento a sus respectivos lados, se transforma en una suerte de agujero negro que todo lo absorbe y nada da, pues... sáquensela de encima con educación, explíquenle los motivos, recuérdenle que se le advirtió sobre sus cuestionables accionares, que su egoísmo desmedido le iba a terminar jugando en contra, y que se busque otro tipo que soporte sus caprichos.

Recuerden: son hombres.

La especie dominante.

Saludos!


Sos sublime Juan, me encanta leerle

Desconectado juancruz1974

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Re:El egoísmo superlativo femenino... una mala costumbre adquirida.
« Respuesta #2 en: 07 de Enero de 2020, 12:03:28 pm »
Excelente posteo, resume muy bien lo que casi todos (sino todos) venimos percibiendo estos últimos años.